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A STUDY OF THE LOCAL AND VILLAGE
DEITIES OF SOUTHERN INDIA
WILBER THEODORE ELMORE, PHD.

Reprinted from the UNIVERSITY STUDIES OF THE UNIVERSITY  OF NEBRASKA.
Vol . ! V. No . I .

PUBLISHED BY THE AUTHOR HAMILTON, N. Y. 1 91 5

Traducido por Inés Storni. Traductora Profesional

NOTA PRELIMINAR

La siguiente tesis es un estudio de los dioses de origen Dravídico que se encuentran en el hinduismo moderno. El autor ha vivido en India casi con continuidad desde el año 1900, acercándose de alguna manera cercana a los habitantes, e intentando aprender tanto como le fuera posible acerca de sus costumbres. Las investigaciones contenidas en esta tesis se tomaron mientras realizaba estudios en el departamento de ciencia política y sociológica en la Universidad de Nebraska durante los años 1909-10, a sugerencia del Dr. Hutton Webster, perteneciente a ese departamento. La mayor parte del trabajo se realizó desde el regreso del autor a India en 1911.

El autor desea expresar su gratitud a los muchos amigos cuya cooperación ha hecho posible este trabajo. Le debe especial reconocimiento al Dr. Hutton Webster por leer el manuscrito y realizar sugerencias invalorables; a Mocherla Robert, a través de cuyos incansables esfuerzos una parte considerable de este material se ha resguardado; y a J. A. Curtis, quien ha leído el manuscrito y quien, desde su conocimiento preciso de los habitantes de India, ha brindado una gran asistencia en verificar e interpretar las costumbres descriptas.

  1. T. E. RAMAPATNAM, INDIA
    Noviembre, 1913

 

INTRODUCCIÓN

No faltan trabajos acreditados acerca del hinduismo como sistema religioso. Ningún otro sistema, con excepción del cristianismo, es tan interesante, tan conocido en su totalidad, o cuyo estudio haya sido tan atrayente. Contando con tan abundante interés, resulta algo extraño que una gran rama del hinduismo nominal haya sido ignorada por esos trabajos. Esta rama representa la adoración a deidades locales y de aldeas. Se calcula[1], y probablemente en forma cautelosa, que el ochenta por ciento de los habitantes del Sur de India dirige su adoración casi exclusivamente a dichas deidades menores, y sin embargo estas deidades reciben escasa atención en los estudios del hinduismo. A menudo se los despacha con una o dos páginas, mientras que el resto de la atención está puesto en las deidades Brahmánicas[2].

No resulta difícil descubrir las razones de esta aparente negligencia. No existe enseñanza sistematizada en relación con los cultos o adoraciones de las aldeas. Ningún sistema filosófico interesante yace detrás de ellos. Los Dravidianos no son un pueblo literario, y su religión no tiene literatura. No existen Vedas u otros escritos que hablen acerca de sus dioses. Su historia se encuentra en las leyendas algo confusas recitadas por cantores errantes quienes asisten a los festivales y prestan ayuda en las adoraciones.

Estas leyendas e historias se recitan siempre de memoria; y, como generalmente los cantores no saben leer, las historias escritas no serían de gran valor para ellos. Sin embargo, muchas de las leyendas están escritas en libros hechos de hojas de palmera Borassus[3], pero esos libros están celosamente guardados, y cualquier intento por traducirlos o imprimirlos encuentra serias objeciones.

Este tipo de adoración se encuentra principalmente entre las personas sin educación, y ellos no solamente no pueden dar ninguna explicación relacionada con sus dioses o sobre los principios de su adoración, sino que en cuanto perciben cualquier intento sistemático que se realice para saberlo, sienten temores supersticiosos y les resulta casi imposible contar lo que saben.[4]

Nuevamente, en esas tierras las personas con educación saben poco acerca de estos dioses locales, y fingen saber menos. Cualquier pregunta encuentra como respuesta que su culto pertenece a personas que han sido separadas de las castas y pertenecen a las clases bajas de la sociedad, y que ellos no saben nada acerca de eso. Los Brahmanes tienen un interés considerable en estos dioses, como se verá más adelante, y sin duda saben bastante más de lo que están dispuestos a admitir. Se sienten avergonzados de su conexión con este culto y del temor a los dioses. También, siendo este culto casi exclusivamente un culto de sacrificio para evitar algún mal que un dios local pueda estar perpetrando o intentando, los Brahmanes no quieren correr el riesgo de incurrir en el desagrado de un dios haciendo comentarios descuidados, ni tampoco atraer su atención haciendo alusiones a él. Por lo tanto, pretenden tener completa ignorancia sobre el tema.

Es por estas razones que son considerables las dificultades para estudiar este tema. Si bien el material es ilimitado, es muy efímero. No existe casi ninguna otra forma de obtener la información necesaria que residir por largos períodos, obteniendo un ítem por vez a través de un contacto con los pobladores tan cercano como sea posible, observando su culto, aprendiendo tanto como sea posible acerca de cada deidad local con la que nos encontremos, y obteniendo una historia aquí y otra allá.  Los motivos de las costumbres son bastante poco conocidas por los mismos pobladores, y se necesita un esfuerzo persistente para descubrir qué tradiciones, prácticas anteriores e ideas subconscientes son las responsables de la cantidad de cosas que ocurren.

Otro de los motivos para la falta de investigación con respecto a estos dioses Dravidianos es que el tema no ha sido considerado atractivo. No existe un líder histórico o un fundador en cuya personalidad puedan agruparse hechos interesantes o leyendas. No se trata de un culto del que uno esté orgulloso, o que cualquiera con una ilustración corriente intente defender. En realidad, para muchos no estaría clasificado como dentro del rango del estudio de Religión Comparada, sino estaría asignado a la Antropología, o se lo discutiría en conexión con las costumbres primitivas. Los indios instruidos no se han preocupado por dedicarse a este estudio, y los extranjeros que escriben acerca del hinduismo generalmente se limitan a lo que pueden aprender de los libros sagrados de los hindúes, o de las clases instruidas.

Otro obstáculo yace en el hecho de que aún si un extranjero se inclina a realizar trabajo de campo y hacer investigaciones personales, muchos de los ritos y ceremonias se llevan a cabo en tales momentos y en tales lugares que resulta casi imposible realizar la investigación satisfactoriamente, y algunas de las orgías son de una naturaleza tal que, aún si alguien tuviera la oportunidad, debería tener un temple especial y algo de valentía para observar lo que está sucediendo.[5]

Mientras que las páginas siguientes tratan con el culto Dravidiano tal como se encuentra en todo el Sur de India, la colección de nuevo material se ha restringido casi exclusivamente a los pobladores de Telugu, y entre ellos la mayor parte del trabajo se ha realizado en el Distrito Nellore. Las fuentes de información han sido en su mayoría en forma oral. El escritor ha visitado tantos templos y lugares de adoración como le fuera posible, y ha tenido la oportunidad de ver muchas de las ceremonias. Generalmente pudo contar con alguna persona amiga que explicara lo que se estaba viendo. No existe razón alguna para dudar de la veracidad de estas explicaciones. Resulta bastante común que los interesados en las ceremonias se nieguen a contar acerca de ellas, pero no he descubierto aún ningún intento cierto de engañar o inventar una explicación. A menudo evaden todas las preguntas, argumentando que no saben, o diciendo que esa era la manera en que sus padres lo realizaban, pero no intentan ningún engaño deliberado.

Se ha obtenido mucha información acerca de las distintas características del culto a través de conversaciones con las personas, en otros momentos, no durante las celebraciones. Los sacerdotes y las personas directamente relacionadas con las deidades, en general no son muy comunicativas, y lo que dicen resulta incompleto. Muchos hechos se han podido verificar de esta manera, pero se ha obtenido muy poca descripción consecutiva. Entre los que abandonaron el culto, muchos hombres mayores pueden proporcionar gran cantidad de información. En India es un tributo a la inteligencia y a la ilustración que aquellos hombres jóvenes cuyos padres ya no adoran a las deidades Dravidianas, no posean casi ningún conocimiento acerca de las ceremonias.

Otro método utilizado para recopilar material era enviar un cuestionario en ambas lenguas, Telugu e Inglés a un gran número de personas que tuvieran la oportunidad de conocer el tema bajo investigación. En las respuestas, especialmente aquellas de las personas de India, pudo recabarse una gran cantidad de información útil. Sin embargo, otro método que ha dado resultados más fructíferos era emplear y entrenar a un hombre joven para la tarea especial de hacer las investigaciones y recabar la información. Esta persona pronto se convirtió en experto, y logró obtener una gran cantidad de información que hubiera estado totalmente fuera del alcance de la investigación personal del escritor.

Las fuentes escritas sobre información acerca de los dioses y cultos Dravidianos es limitada. Las más importantes son las de las gacetas del gobierno, manuales de distrito y boletines informativos del Madras Government Museum. El Gobierno de India está realizando un trabajo muy valioso en recolectar información publicada acerca de la variedad de pueblos de India y sus muchas y muy peculiares costumbres. Esta información la recaban oficiales públicos del distrito u hombres especialmente seleccionados para tal propósito.

Solamente uno de entre esta variedad de informes trata directamente con el objeto de esta tesis. Se trata del Madras Government Bulletin, V, 3, de Henry Whitehead, Obispo de Madras. El autor realizó un estudio intensivo sobre las deidades de las aldeas, y recabó una gran cantidad de información. Los demás informes contienen varias historias de cultos, posesión demoníaca, y cuestiones similares distribuidas en muchas páginas con descripción de los pobladores.

Los trabajos generales que se mencionan en la bibliografía contienen gran cantidad de material que es necesario para una acabada comprensión de este tema, especialmente en cuanto a sus relaciones con otras formas del hinduismo. Algunos de dichos trabajos incluyen capítulos referidos directamente al tema de estas deidades menores y demonios. Los libros sagrados de los hindúes citados más adelante contienen leyendas que se relacionan con los dioses Dravidianos, y que a menudo arrojan luz sobre las relaciones mutuas de estas dos formas de hinduismo.

Ya que el material para esta tesis se ha recabado de tantas fuentes, no ha sido difícil determinar su veracidad. En la información oral, los informes se han superpuesto naturalmente unos sobre otros, logrando de esta manera la posibilidad de verificar los puntos dudosos. Los reportes del gobierno han sido especialmente útiles para verificar la información recabada en forma oral, así como también forman parte del trabajo general.

No resulta necesario enfatizar la importancia de contar con algo de conocimiento acerca de este tema para aquellos que desean entender el hinduismo moderno, y especialmente aquellos cuyos trabajos los llevan a tener un contacto directo con los pobladores de India. La religión de los indios no resulta un tema externo o indiferente. Se introduce en cada detalle de su vida. Por lo tanto, resulta evidente que, para un entendimiento comprensivo de los pueblos, es necesario contar con un conocimiento de su religión. Se calcula que más de doscientos millones de personas de India poseen ancestros Dravidianos, y mientras se los clasifica como hindúes y adoptan nombres y formas hindúes, su religión cotidiana es la de sus ancestros Dravidianos.

 

DIOSES DRAVIDIANOS
EN EL HINDUISMO MODERNO

CAPÍTULO I: LA CONQUISTA DE LOS DRAVIDIANOS

El término Dravidiano es comúnmente utilizado para referir a toda la población no-aria en la península de India. Se considera a los Dravidianos como los habitantes aborígenes de la tierra. Si bien tienen predominancia en las partes sur y este de India[6], forman una parte considerable de la población de la parte noroeste donde los arios predominan.[7]

La historia de los Dravidianos se pierde en la antigüedad. Ya eran habitantes autóctonos mucho tiempo antes de que los arios llegaran a India. No conservaron literatura, tampoco dejaron monumentos que puedan arrojar alguna luz sobre su origen.

Existen dos teorías principales con respecto al origen de los Dravidianos en India.[8] La más comúnmente aceptada es la que sostiene que llegaron a través de pasajes del  noroeste de las montañas del Himalaya bastante tiempo antes de la invasión aria. La fisonomía de los Dravidianos es muy similar a la de los Cáucasos, y tiene poco parecido con los mongoles. Además, su distribución en India indicaría que primero cubrieron toda la tierra y la posterior invasión de los arios los empujó hacia el sur y el este.

La otra teoría sostiene que el origen de los Dravidianos se encuentra en el sur de la región. Se cree que el hipotético hundimiento del continente en el Océano Índico, llamado Lemuria, puede haber sido su hogar originario.[9] Ceilán es ciertamente Dravidiano, y la distribución de los Dravidianos en India se presta a sostener su origen tanto en el sur como en el norte. El tipo de color de la piel que se observa a menudo, especialmente entre los Yanadis,[10] se ha atribuido a este origen del sur, pero es probable que durante siglos los comerciantes costeros hayan viajado  ida y vuelta entre India y África. Los vientos monzones que soplan incesantemente durante muchas semanas cada año desde el sudoeste de India, también pueden haber traído náufragos africanos o aquellos que habiéndose introducido tan mar adentro no pudieron volver a tierra.

No es la intensión de esta tesis arrojar nueva luz sobre la pregunta del origen de los Dravidianos. Es suficiente señalar que cuando los invasores arios llegaron a India encontraron otra raza en posesión de la tierra- una raza que gradualmente subyugaron y, en cierta medida, asimilaron.

En el sur de India los arios están ahora representados casi exclusivamente por los brahmanes. Se entiende generalmente que de las cuatro castas del hinduismo, sólo los sudras son Dravidianos, pero es probable que muy pocas personas en el sur de India que se adjudican descender de los Vaisyas y de los Kshatriyas, sean de origen Ario[11]. Los Komaties, o comerciantes dicen ser Vaisyas, sin embargo, parece existir una conexión íntima entre ellos y los Madigas, o trabajadores del cuero, que,   sin duda, poseen origen Dravidiano[12]. Cuando ocurre un matrimonio entre los Komaties, es necesario traer el fuego desde la casa de un Madiga para el nuevo hogar. Se utilizan muchos recursos para cubrir esta conexión. Un Komati irá a la casa de un Madiga con algún pretexto, y luego de cumplir con su obligación, pedirá fuego para su cigarro. Los Komaties, sin embargo, no niegan esta conexión.

Los himnos  de Rigveda[13] nos  brindan mucha luz en la gran lucha de los arios en su conquista de los Dravidianos. Los arios no escatimaban epítetos al describir a este pueblo. Los llamaban “enemigos”, “esclavos”, “tribus miserables”, “vacíos de sentido”, “inhumanos”, “conservadores de ritos extraterrestres”, “malignos”, “malvados”, “sin rituales”, “sin rezos”, “sin presentar ofrendas” (a los dioses), “sin derramar ninguna ofrenda de leche”, “no adoradores”, “sin sacerdotes”, “sin mantener fuegos sagrados”, “adoradores de dioses locos”, hasta los acusaban de comer carne humana.

Probablemente sea ésta una descripción exagerada, ya que los conquistadores también hablan de sus enemigos como abundantes en rebaños, con castillos impenetrables, con fuertes y ciudades de hierro. Se los consideraba enemigos poderosos, y probablemente muy tenaces en su resistencia. Los arios los llamaron “mandíbulas de toro”. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, se completó la conquista. Los arios se convirtieron en los gobernantes, y los Dravidianos tomaron una posición subordinada en el nuevo sistema de castas organizado.

Los conquistadores pronto comprendieron que, si iban a someter a los Dravidianos, sería necesario algún tipo de consideración hacia su religión. A pesar de que los Dravidianos eran adoradores de “dioses locos”, eran también más tenaces en sus ritos religiosos. Los arios no intentaron forzarlos a abandonar a sus dioses, pero adoptaron la política de incorporarlos con su religión a las filas del hinduismo. Este proceso se ha continuado hasta ahora.[14] Hasta dónde el esfuerzo ha resultado exitoso es evidente [15].

La religión Védica original tiene poco en común con el hinduismo moderno. La gran masa de deidades, rituales y supersticiones Dravidianas ha pasado a ser parte  del llamado hinduismo y,  aunque  con algunos cambios realizados por el hinduismo Brahmánico,  también han estado modificados por la religión Dravidiana[16].

La adoración a Siva  representa una marcada ilustración de la adopción de dioses aborígenes[17]. Siva es un dios de los Puranas, y en relación  con su adoración se opone al Brahmanismo. Siva representa un jefe divinizado[18]. Su esposa, Parvati, es sorprendentemente más aborigen que Siva mismo.  Aparece en muchas formas diferentes. Al igual que Kali[19], ella es una diosa despiadada, que lleva un collar de calaveras y danza sobre los cuerpos de sus enemigos caídos. Otro nombre que se le da comúnmente es Durga[20]. Comúnmente se dice que las diosas de los Dravidianos son reencarnaciones de Kali o Durga, siendo entonces esposas de Siva.

Se considera que Ganesa, el dios cabeza-de-elefante, y Hanuman, el dios mono, son hijos de Siva[21], y de esta manera están conectados con el panteón hindú. Es posible que fueran tótems de dioses animales tribales de alguna rama de los aborígenes y hayan sido adoptados dentro del hinduismo.

Aparentemente esta adopción de dioses aborígenes bajo la apariencia de la adoración a Siva, nunca satisfizo ni a los Brahmanes ni a los Dravidianos. Existe evidencia en el Distrito Nellore que la adoración a Siva ha sido mucho más fuerte anteriormente que lo que es en la actualidad. Se puede encontrar en cada templo destruido, y son casi invariablemente templos de Siva. Generalmente se los encuentra en los campos a una pequeña distancia de las villas, y parecen haber estado abandonados desde hace mucho tiempo, tal vez siglos. No existen tradiciones locales de valor con respecto a estos templos. La arquitectura no se puede comparar con la de los templos en las ciudades, sin embargo, generalmente están construidos con piedras gigantescas. Son construcciones mucho mejores que los santuarios de las deidades Dravidianas, pero el estilo arquitectónico es de alguna manera similar.

Probablemente estos templos hayan sido construidos por reyes locales a expensas del pueblo, bajo la dirección de la corte de los Brahmanes. Se construyeron en los campos para satisfacer las costumbres de la gente, y el estilo era Dravidiano más que ario. Con el advenimiento de los cambios políticos, desapareció el apoyo del gobierno, excepto en los casos donde las tierras habían sido cedidas a los templos, y los pequeños templos de Siva parecían no haber estado financiados. Dado que en la actualidad la carga de mantener la adoración cayó sobre la gente, encontraron que la adoración a Siva está muy Brahmanizada para adaptarse a sus gustos, pronto volvieron a sus inalterados dioses Dravidianos.

Aunque se haya abandonado a Siva, se cree que los demonios de los pueblos son sus esposas. Sus hijos, Hanuman y Ganesa, también parecen estar más cerca de los corazones de la gente. Muy a menudo, los niños usan la imagen de Hanuman alrededor del cuello, dibujada en un trozo de metal, mientras que la imagen de Ganesa tallada en una gran piedra se puede encontrar al costado del santuario de las diosas del pueblo Dravidiano, y aún a veces se la coloca en el templo al lado de la diosa.

De esta manera, resulta evidente que el hinduismo ha adoptado gran parte de la religión aborigen y muchos de los dioses, ocasionando grandes cambios en el hinduismo mismo, y con muy poca asimilación en las costumbres y en las creencias de la gente. Se ha encontrado de muchas maneras una conexión artificial entre la adoración original Dravidiana y el hinduismo, y se los clasifica como hindúes, pero esta conexión resulta ser solamente de nombre. No parecen tener menos poder en la actualidad los mismos rituales extraños, las mismas creencias e ideas basales que estos Dravidianos poseían hace diez siglos atrás. Se ha conquistado a los Dravidianos política y socialmente, pero el contacto religioso de los arios y los Dravidianos ha resultado una batalla empatada[22].

Lo más cuestionable es la adoración, y a menudo se adoran las deidades hindúes. Tal adoración no representa un impedimento para una adoración simultánea de varios dioses menores. Los dos actos de fe coexisten a veces aún entre los Brahmanes.

Cualquiera que sea la unión actual o entremezcla que exista, resulta difícil imaginar cualquier conexión original de los arios Brahmanes y sus sutiles filosofías “con la gran demonolatría de los Dravidianos que los rodeaban. Sosteniendo ciertas opiniones filosóficas, que no esperaban ni particularmente deseaban que sus vecinos Dravidianos compartieran, es poco probable que los primeros pensadores arios hicieran serios esfuerzos para obtener adherentes a su pensamiento. Pero, satisfechos con la admisión de su indudable superioridad intelectual, construyeron gradualmente un puente de conexión entre sus especulaciones algo imprácticas y las demonologías extremadamente materialistas de los Dravidianos”.

E.A.Gait, Comisionado de Censo de India, en su publicación “Notes on Census Returns of Hindus”, Simla, 12 de julio de 1910 (Ver Indian Social Reformer,  Bombay, 20 de nov. 1912), analiza en profundidad la cuestión de quiénes pueden ser contados como Hindúes. “La queja a menudo ha consistido en que el Censo de Retorno de hindúes resulta engañoso ya que incluye millones de personas que no son realmente hindúes, a los que se les niega la asistencia de los Brahmanes, y a los que se les prohíbe el ingreso a los templos hindúes, y a quienes en muchos casos se los considera tan impuros que la mera proximidad o contacto causa contaminación. Existe, por supuesto, verosimilitud en esta crítica, pero el hecho de que el hinduismo no tiene un credo definido, torna difícil establecer un testeo definitivo acerca de quién es y quién no es hindú. Una persona puede creer en la totalidad del panteón hindú, o solamente en dioses particulares, o, de la misma manera, en ningún dios; puede realizar sacrificios o abstenerse de realizarlos; puede comer carne y pescado o abstenerse de hacerlo; pero aún se lo considerará hindú si pertenece a una casta hindú reconocida, si no niega la supremacía de los Brahmanes, y se abstiene de ignorar abiertamente las restricciones que sus compañeros de casta observan.” Gait propone lo siguiente como una de las pruebas que podría aplicarse para descubrir si una determinada casta puede ser considerada hindú o no. “(1) Los miembros de la casta o tribu ¿adoran los grandes dioses hindúes? (2) ¿Se les permite ingresar a templos hindúes o realizar ofrendas en el santuario? (3) ¿Actuarán los Brahmanes buenos como sus sacerdotes? (4) ¿Lo harán los Brahmanes degradados? En ese caso, ¿son reconocidos por personas fuera de su casta, o simplemente son Brahmanes de nombre? (5) Las castas puras ¿tomarán agua de ellos? (6) Causan contaminación, a) ¿por contacto? b) ¿por proximidad?” Estas pruebas eliminarían del hinduismo a todos los marginados que constituyen un número considerable en el censo, y quienes normalmente dicen ser hindúes genuinos.

 

NOTA AL PIE:

[1] Madras Government Museum, Bulletin, V, no. 3, pg.174

[2] Sir Monier Monier-Williams, Brahmanism and Hinduism Londres, 1891, ofrece el mejor relato, Caps. VII, VIII, IX. Edward Washburn Hopkins, The Religions of India, Londres, 1895, Cap. XVIII, ofrece un breve relato de los Tratados Religiosos de las Tribus Salvajes de India, bajo cuyo encabezamiento clasifica este culto.

[3] Palmera de Abanico, Borassus flabelliformis.

[4] Durante mi investigación descubrí que a menudo pensaban que yo estaba recopilando datos para el Gobierno-idea que los llenaba de innecesario temor.

[5] William Crooke, Things Indian, Nueva York, 1906, pg. 412 dice, “El tema de los sacrificios Sakti es repulsivo, y pocos ingleses se preocupan por explorar esos santuarios de Kali o Devi, que apestan con la sangre de las víctimas… A los que les interesa ese tema lo refieren como el cuento de Ward de los sacrificios bengalíes… El Dr. Oldfield brinda un relato angustiante”. Este es un claro ejemplo del sentimiento de muchos escritores del hinduismo.

[6] Ver mapa

[7] Para una discusión acerca de la distribución de las lenguas Dravidianas, ver R. Caldwell, A Comparative Grammar of the Dravidian or South Indian Family of Languages, Londres 1875. Introducción.

[8] Para una profunda discusión sobre el origen de los Dravidianos en India, ver The Manual of Administration of the Madras Presidency, 1885, I, pg. 29 ss.

[9] Ver W. Crooke, The Northwest Provinces of India, Londres 1897, pg.198 ss.

[10] El Madras Government Museum, Bulletin,IV n° 2, pg. 37 ss. da un completo debate del posible origen de los Yanadis.

[11] Thurston, Castes and Tribes of Southern India, IV, pg. 79 ss., para “Kshatriya”; VII, pg.271, ss., para “Vasiya”

[12] Idem., III, pg. 325, ss.

[13] Ver especialmente los siguientes himnos de Rigveda: T. H. Griffith, The Ramayan of Valmiki, Benares, 1895, Libro I, Versos 22,117,132,175. Libro II, Verso 20. Libro III, Verso 53. Libro IV, Versos 6,16,28,30,32. Libro V, Verso 7. Libro VI, Verso 23,25,31. Libro VII, Verso 99. Libro VIII, Verso 14. Libro IX, Verso 41. Libro X, Versos 22,29.

[14]  Gazetteer of Vizagapatam District, I, pg. 75. Los Khonds, una tribu de las colinas representa un ejemplo. Son aún adoradores simultáneos de su dios aborigen Poleramma de Telugu, y un dios ortodoxo hindú.

[15] Census of 1911, Vol. XII, I, Cap. 4, (parr. 4, 6, 22, 26). “Es conveniente recordar que la estricta connotación de la palabra hinduismo es racial y social más que teológica. Al mismo tiempo podemos admitir que el hinduismo es en un sentido adquisitivo. Si cuela el mosquito individual, puede tragar alegremente el camello tribal [N. de T.: hace referencia a una cita bíblica (Mateo 23:24)]. Alguna leve profesión de fe y una eficiencia moderna en una buena conducta en la ceremonia, son suficientes para asegurar la admisión aceptable de una tribu animista, incluyendo dioses.

[16] Gazette of South Arcot, I, pg. 94: “Tal actitud de los hindúes del distrito hacia las numerosas deidades adoradas allí, es una mezcla extraña de las ideas ortodoxas Brahmánicas, y la superstición más primitiva”. “Un Nativo”, Pen and Ink Sketches of Native Life in South India, Madras, 1880, muestra la actitud de pensamiento asumida por muchos de los indios de descendencia aria hacia los Dravidianos. Comenta, “Se considera a los parias y los trabajadores del cuero y una gran cantidad de otras tribus semi-salvajes como aborígenes del país.” Continúa diciendo algo acerca de su adoración al demonio y su sujeción hacia las castas más altas.

[17] Acerca de Siva como deidad aborigen, ver Wilkins, Hindu Mythololgy, Calcuta, 1882, pg. 280; The Manual of Administration of the Madras Presidency, I, pg. 84; Journal of the Ethnological Society, I, pg. 96.

[18] Sir Alfred C. Lyall, Asiatic Studies, Londres, 1907. Primera Serie, pg. 49. Sir Monier Monier [sic] Williams, Brahmanism and Hinduism. Londres, 1891, pg. 84.

[19] Kali es la diosa tutelar de Kalighat, de donde la ciudad de Calcuta toma el nombre. Gran número de cabras y algunas veces búfalos son decapitados aquí diariamente. El templo pertenece a los Brahmanes quienes se han convertido en inmensamente ricos a través de un gran número de ofrendas realizadas por los peregrinos. Para una descripción de las adoraciones en Kalighat ver Shib Chundar Bose, The Hindus as They Are, Calcuta, 1883, pg.133 ss.

[20] Gustav Oppert, The Original Inhabitants of India, Westminster, 1893, pg. 495. Al igual que Durga, Kali recibe algunas veces sacrificios de búfalos en el sur de India. Posee todas las características de una deidad aborigen.

[21] Los Vaishnavas también se adjudican a Hanuman. Para la leyenda de su doble paternidad ver Moor, The Hindu Pantheon, Madras, 1864, pg.250 ss. The Manual of Administration of the Madras Presidency, I, pg.72, dice que en India siempre se adoró a los monos, y cuando comenzó la adoración a Siva, se consideró al dios mono viejo, Hanuman, como la reencarnación de Siva. The Travancore State Manual, II, pg.51, clasifica estos dioses como deidades tutelares.

[22] Gazetteer of Madura District, I, 84, comenta que en muchos lugares de este distrito, la influencia de los Brahmanes es comparativamente débil, y los matrimonios se llevan a cabo sin la ayuda de estos intermediarios. El hecho es muy inusual, y muestra que los Brahmanes no han asegurado un control completo. En el Distrito Madura solamente son 18 cada 1000 habitantes. The Manual of Administration of the Madras Presidency, I, pg. 71, relata una historia donde, para someter a Vishnu, Siva se ubicó en la cabeza de los demonios aborígenes. Esta historia muestra una lucha temprana antes de que Siva se convierta en un dios hindú. A menudo se representa a Ellamma, la diosa Dravidiana, con una cabeza arrancada de un Brahman en su mano, que indica que la conquista política no fue fácil. Ver Oppert, Original Inhabitants of India, pg. 464.

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